viernes, 1 de marzo de 2013

Planeando una muerte en París

Hace una semana que estoy en París. Vivo en casa de unos amigos como un perro. Por las noches tengo que desmontar su sofá y por las mañanas montarlo temprano para que puedan desayunar antes de ir a trabajar. Es terriblemente incómodo. El espacio es ínfimo y empiezo a no querer estar aquí. He estado buscando empleo toda la semana. Y en fin.


Ya sé que parece pronto para venirme abajo. Pero ayer por la noche me di cuenta de lo lejos que estoy de cualquier tipo de vida que me mantenga tranquilo y contento. Decidí de nuevo que, ahora que voy a estar solo un par de días porque mis jefes se van de viaje el fin de semana, muero aquí en París. Poco más que decir ya.

Tenía una ilusión pequeña que se va desvaneciendo. Salgo a dar otra vuelta para dejar más currículums con el consuelo de que no tendré que pasar otra semana como ésta, en la que lo único que existe es un esfuerzo insufrible mezclado con el remordimiento y arrepentimiento, aún, por todas mis equivocaciones pasadas.

Y así estamos, ¡intentando poner buena cara a los que cogen el currículum! Ayer incluso me dijeron un "pour quoi pas?" muy motivador. Pero hice algo raro (no por este bajón, que me ha venido luego), me parece, como decir "on verrait" en voz alta o algo así, porque el tío terminó despidiéndose clavándome los ojos en la frente.

Mise à jour: acabo de volver de mi primera prueba en un bar "español" cerca de la casa en la que me estoy quedando. Entre no saber francés y no haber trabajado nunca en un restaurante creo que la cosa ha estado bastante por encima de mis capacidades y el dueño se ha dado cuenta. En principio me ha dicho que no me haga falsas esperanzas. Ahora mismo me parece que beberme un litro de whisky mañana con todas las pastillas que tengo es una estupenda idea, haciendo algo más para asegurarme de que no me despierto.

Siendo optimistas, no llevo ni dos semanas aquí y ya tengo muchos contactos, muchos cvs echados, una cuenta de banco abierta, mi primera prueba de trabajo hecha... pero mi parte optimista se deja vencer con facilidad. Y quedarse aquí dormido, sin molestar demasiado a nadie, después de haber visto la Torre Eiffel, es una idea atractiva, atractiva, atractiva. Ya veremos. Saludos y ya sabéis, no lo intentéis en casa y esperad, esperad siempre un poco más.

3 comentarios:

  1. Hola Iñaki, viendo la cronología de tus entradas, supongo que ya no estás en esta realidad. Estés donde estés, quiero darte las gracias por tus palabras, me siento identificada con todo lo que narraste, además de que tu redacción es excelente, se nota una gran habilidad para la escritura, los idiomas y el arte. Gracias a lo que expusiste, he podido encontrar más aristas a mi situación. La depresión es asunto complicado, solo quienes la padecemos podemos entenderla y tú lo relataste a la perfección. El suicidio es tabú, sería bueno que se pudiera ver este tema de manera más natural para que la familia y allegados del suicida no se vieran tan afectados. La idea ronda y está siempre presente, contenida... explotará o no, ya lo veremos, dependerá de lo que haya aprendido hasta ese momento y del impulso que se genere. Solo quiero irme en paz, aceptándolo como algo natural, en el momento preciso; así como mi nacimiento fue en el momento preciso, lo ha de ser mi muerte. Como a ti, me asalta el remordimiento, la imposibilidad de disfrutar del presente a causa del pasado y la visión del futuro. El ahorcamiento ahora lo veo como la mejor opción, antes estaba muy confundida por los métodos. La idea del suicidio está ahí, como un fetiche que se contempla, analiza, estudia, que causa deleite en medio del sufrimiento. El hecho de saber que podemos terminar con todo en el momento que deseemos es un gran alivio en todo caso. Y la idea del suicidio se siente bien porque es como una salida certera a una pesadilla, pero también causa mucho temor porque como tú, soy agnóstica; solo sé que nada sé ¿Qué pasará luego? Tengo muchas teorías, creo que sería bueno quedarme con la que más me guste para que se convierta en realidad luego de la partida. Qué bueno habría sido conocerte en este mundo. Un abrazo Iñaki. Dicen por ahí que el universo es energía, supongo que hasta donde estés, habrá de llegar mi afecto.

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